El proceso educativo de niños y niñas debe ser integral. No es suficiente buscar la adquisición de conocimientos, sino también generar un desarrollo sano a nivel cognitivo, social y emocional. Este último punto es vital pues un adecuado desarrollo emocional influye en la capacidad de atención, la memoria y en el razonamiento lógico de un niño o niña.

Jessica Susano, especialista de Ediciones COREFO, explica que las emociones -que incluyen sentirse enojado, molesto, ridiculizado, orgulloso, triste, entre otras- influyen en el aprendizaje y pueden ayudar al estudiante a mejorar su aprendizaje o dificultarlo.

Por eso, la especialista recomienda a padres de familia y docentes tener en cuenta estos conceptos y recomendaciones.

  1. Promueve la educación emocional. Es un proceso educativo continuo y permanente, en el que cada estudiante, desde su propia individualidad, aprende a enfrentar los retos y dificultades que se le presenten. “Nuestros estudiantes no son todos iguales: hay inquietos, soñadores, pensativos y muchos más. Más allá de los conocimientos o las calificaciones, tenemos que pensar que las aulas son diversas y debemos brindar espacio y atención a cada uno, pensado en la pluralidad”, recomienda Susano.
  1. Emociones con propósito. Los padres de familia y docentes pueden enseñar a los estudiantes a conocer sus emociones y canalizarlas de manera sana. Es importante que padres y maestros reconozcan lo que el niño o niña siente, sobre todo en una época tan complicada como la actual. ¿Cómo se siente frente a los nuevos retos de la educación y la pandemia? El objetivo final es que se convierta en una persona que maneje sus emociones y se vuelva responsable de sus actos. Esto llevará a tomar mejores decisiones frente a situaciones difíciles en la vida.
  1. La importancia de la autoestima. Nuestras motivaciones y emociones afectan a la forma en la que interpretamos una situación. Además, la percepción de las situaciones que vivimos varía de acuerdo a cómo las afrontemos. Así, por ejemplo, cuando un niño o niña no se atreve a participar en clase por miedo al ridículo, es probable que termine el día con dudas. En cambio, un niño con mayor confianza en sí mismo y una autoestima fuerte expresará sus consultas con claridad y así estará mejor preparado a nivel académico.
  1. Herramientas de autorregulación emocional. Saber controlar las emociones es un proceso de autoconocimiento, control, autogestión, inteligencia interpersonal y habilidades sociales. Todas estas herramientas permitirán al niño o niña reconocer el clima de una situación y tener los recursos que necesita para tomar las mejores decisiones, dependiendo si se trata de resolver un conflicto, tomar partido por una postura o encarar un problema. El estudiante necesita saber cómo hacerlo sin caer en el miedo o la desesperación. El desarrollo de habilidades sociales también le permitirá tener más empatía hacia otras personas y comprender por lo que están pasando y brindar su apoyo cuando sea necesario.
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